La imagen de conjunto de la Abogacía entre la población es claramente positiva y llamativamente homogénea (es decir, no presenta diferencias significativas en función de factores como la edad, la clase social o la región de residencia). Tampoco hay diferencias en la valoración que de los abogados, en general, realizan usuarios y no usuarios.
Entre los usuarios la satisfacción de conjunto con los servicios del abogado es calificada con una llamativa puntuación media de 6,9. Esta valoración sube incluso hasta un excepcional 7,9 (en cuanto a la atención y el trato recibido) y registra incluso un sorprendente 6,5 respecto de los honorarios devengados. El interés y dedicación al asunto obtiene un 7,1 y la satisfacción con el resultado conseguido un 6,9.
La relación abogado/cliente es entendida en nuestra sociedad como una relación de total confianza y entrega. De ahí que la elección de abogado se sustente de forma casi exclusiva en factores de confianza interpersonal (se confía en aquél abogado en quien confían las personas que merecen confianza). Al mismo tiempo, la idea masivamente dominante es que la tarea del abogado no es tanto defender lo justo como aquello que beneficia a su cliente.
Esta expectativa de entrega total a la causa del defendido constituye sin embargo, a la vez, una pieza fundamental de la buena imagen del propio abogado y de soporte a las valoraciones más críticas (expresadas por lo general en forma de tópicos y estereotipos consagrados y generalizados) referidas a “los” abogados en general. La imagen de estos últimos resulta así en alguna medida contradictoria y ambivalente, -siempre dentro de una sustancial valoración positiva de conjunto, como ya se ha indicado.
Fuente: “La imagen de la Abogacía en la sociedad española” (pdf). Segundo Barómetro Externo de Opinión del C.G.A.E. Noviembre de 2005. También en Bosch-online.
Ya sé qué me dirán: autobombo.






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