
Plaza Mayor, Lima
Hace ya una semana que volví del IV Congreso Latinoamericano de Derecho Informático organizado por Alfa-Redi en Lima. Realmente mereció la pena, no sólo por la organización y calidad de las ponencias sino también por las personas a las que conocí.
Los sistemas de licenciamiento de contenidos fueron la temática de las sesiones en las que participé, tanto en la mesa redonda en el congreso como en el taller cerrado junto con entidades de gestión, discográficas (Sony BMG), INDECOPI, OMPI, representantes de dos sistemas de licenciamiento (Creative Commons y Coloriuris) y algunos abogados, bajo la moderación de Erick Iriarte (Alfa-Redi). En lo que estuvimos todos de acuerdo es en el reconocimiento y protección de los derechos de autor, lo que no es una obviedad cuando diariamente (elijan diez bitácoras al azar) no se respetan estas cuestiones. A partir de ahí la implementación y gestión de los derechos se disgrega en las soluciones “copyleft” y la posición de la industria, que no terminan de conciliar. Y, por si fuera poco, los primeros están divididos (licencias frente a contratos, copyright frente a derecho de autor) aún cuando los principios son los mismos, así que necesariamente están obligados a encontar un punto en común en este mundo globalizado.
En el contexto actual, en el que hay una fuerte tendencia hacia la libre distribución y uso de los contenidos, se necesitan sistemas que faciliten la cesión de derechos sobre éstos, mecanismos que permitan al titular definir los usos que consienten en relación con sus obras, y que a la vez garanticen los derechos adquiridos por los usuarios. Los dos anteriores son algunos modelos, pero hay otros como Copyzero, Lisensa, BlogBurst o Scoopt Words, aunque en ocasiones se acerquen más al papel de las editoriales o al de los agentes literarios. Algunos permiten la cesión remunerada de los contenidos, otros permiten un depósito de éstos, o la aceptación de las condiciones, o se han lanzado al mercado como modelo de negocio. Eso sí, ninguno cuenta con las entidades de gestión y la industria audiovisual.
¿Realmente son suficientes y aportan seguridad jurídica?.
Desde mi punto de vista no existe un sistema ideal que satisfaga las necesidades de los usuarios y los requerimientos legales, por lo que todavía queda mucho por hacer. Mientras tanto, crucemos los dedos y confiemos en que nadie vaya a juicio para ponerlos a prueba.






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